
La verdad, no tuve la delicadeza de preguntar su nombre (me arrepiento, desde mi punto de vista este rostro no merece ese anonimato), quizá no me lo hubiera dicho; al preguntarle si podía tomarle una foto solo se quedó quieta, mirándome, como única respuesta. Vendía trapos bordados de cocina en un pueblo llamado Dolores Hidalgo, en México.
Si alguien la llega a ver en sus andares, pídan una disculpa y pregúntenselo en mi nombre. Les agradecere ayudar a borrar esa falta.